jueves, 22 de enero de 2015

De putivuelta: ZZ Top

Hace unas semanas fue el cumpleaños de Trini Menroto. Ella vive en un ático en Poble Sec  con un par de amigas. Preparó un aperitivo variado y una mesa llena de alcohol. Nos pusimos hasta el culo. Cuando salí de su casa todo a mi alrededor era una nube. A la fiesta vinieron un grupo de tíos muy cachondos. El palmeo  de Mamen Mela se podía escuchar desde la otra punta de la casa, el gorgoteo  también. El origen de su sobreexcitación  era un tío alto y delgado con el pelo algo alborotado y unos pantalones ceñidos. En mi borrachera fantaseé por un segundo con lamer los sonrosados pezones de mi amiga mientras él la empalaba profundamente sobre la mesa de la comida, allí mismo, en la terraza, delante de todo el mundo. Se lo comenté a Trini. Ella me dijo que se apuntaba. Me dio un pico. Nos preparamos otro mojito.

La noche, de todos modos, no siguió ese camino. Al salir de casa de Trini, nos dirigimos a un bar próximo. Al entrar, tras dejar la barra a mano derecha, hay una pequeña salita. Ahí estuvimos bailando y bebiendo, revoloteando alrededor de los cachondos. Jugando un poco con ellos, calentando los motores. Se nos sumaron al grupo un par de tipos más, amigos de amigos de Trini y de Mamen. Eran dos hipsters barbudos. Uno de ellos no estaba nada mal. En seguida se activó en mi clítoris el defcon 3. Sentí una pequeña contracción vaginal, me relamí, cada vez más y más golosa. Me estaba poniendo cada vez más híper-cerda.

Fuimos después al Apolo, para entonces ya había intercambiado con el barbudo un par de comentarios tendenciosos. El sondeo fue positivo. Tuve un instante de duda ¿quería follarme a un integrante de ZZ Top ?, ¿me ponía el rollo rabino ? De entrada tenía más contras  que pros. La sensación era de dejadez, de falta de higiene. Sin embargo, estaba claro que era una barba cuidada. Creo que perdí un poco de interés al comprobar en el sondeo que a poco que hiciera lo tendría metiéndomela por debajo de las faldas. Necesitaba otros estímulos, un poco más de guerra. El Apolo se convirtió en una centrifugadora, todo se movía deprisa al ritmo de una música electrónica envolvente. La putivuelta  puso de manifiesto una vez más que los hombres son presas fáciles. Un macho alfa, vestido con una camiseta roja con enormes letras blancas que se ceñía a sus músculos, intentó camelarme en vano. Tenía pinta de utilizar más cremas que yo y a mi no me interesan los metrosexuales. Un moderno gafapasta  acercó su mano a mi cintura mientras me contaba no sé que historias. Reí a carcajadas aunque no recuerdo el porqué. Estaba muy ciega y muy cachonda, como una perra  en celo. Nos besamos, me di la vuelta y me largué. Bastante más atrás de donde estaba seguía el barbudo, hablando con sus colegas. Me acerqué a él y le dije “venga, ya tengo bastante por hoy aquí, vamos a follar a mi casa”. Él miró a sus amigos, encogió los hombros y me siguió, cogido de la mano.

Al llegar a casa, nos besamos larga y apasionadamente. Sentí los pelos de su bigote sobre mis labios. Me parecieron sorprendentemente suaves. Luego, sobre el sofá, ya desnudos, llevó su enorme cabeza peluda al centro mismo de mi coño palpitante. Lo besó, apretando con los labios sobre mi clítoris. Luego introdujo el índice y el corazón en su interior: húmedo, expectante, abierto y dispuesto. Empezó a lamer lentamente mi clítoris mientras con su mano se dedicaba a estimular las paredes de mi vagina. El contacto de toda esa cantidad de grueso pelo con la piel de mi depilado coño fue en un primer momento desagradable. Pese a la sensación de suavidad en mis labios, el tacto era muy distinto por debajo de mi vientre. Sentí su barba áspera, irritante. La rechacé en un primer instante, pero luego sucumbí a la magia  de su lengua y de sus dedos. Me dejé llevar, me gustaba ver toda esa cantidad de pelo moverse ahí abajo. Me estaba poniendo cada vez más y más perra. Dejó el vaivén digital y hundió su lengua en la profundidad de mi potorro. Empezó a batir  rápidamente, a lengüetazos cortos e insistentes, cíclicamente frenaba la marcha y daba un gran golpe de lengua profundo, apretando su cara contra mi coño, clavándome la nariz. Tuve un orgasmo  tímido y satisfactorio, acompañado de leves exhalaciones, pequeños gritos callados. Mi vagina se contrajo, lancé un suspiro. Él levantó la vista mientras yo estiraba mi cuerpo tras una leve convulsión de júbilo. Se lanzó hacia mí como un cohete a propulsión, me besó fuertemente en los labios. Una nausea acompaño el beso al sentir el sabor de mi coño presente en sus labios, en el pelo de su barba. Al apartar la cabeza, observe su barba completamente perlada  alrededor de su boca. Todo alrededor de la comisura de sus labios estaba salpicado de mi flujo, de mi gozo húmedo. Me volvió a besar y esta vez me gustó sentir el sabor  de mi coño enganchado en su paladar. Luego follamos intensa y repetidamente. Después se marchó y guardé su teléfono por si acaso algún día me apetece repetir. No sé dónde lo he metido, creo que lo he perdido, de todos modos intuyo que algún día volveremos a coincidir. Por entonces puede que me apetezca otra cosa.


Basado en pechos reales,
por CARMELA PELAS.

No hay comentarios:

Publicar un comentario