Hace unas semanas fue el cumpleaños de Trini Menroto. Ella
vive en un ático en Poble Sec con un par de amigas. Preparó un aperitivo
variado y una mesa llena de alcohol. Nos pusimos hasta el culo. Cuando salí de su casa todo a mi alrededor era una
nube. A la fiesta vinieron un grupo de tíos muy cachondos. El palmeo de Mamen Mela se podía escuchar desde la otra
punta de la casa, el gorgoteo también. El origen de su sobreexcitación era un tío
alto y delgado con el pelo algo alborotado y unos pantalones ceñidos. En mi
borrachera fantaseé por un segundo con lamer los sonrosados pezones de mi amiga
mientras él la empalaba profundamente sobre la mesa de la comida, allí mismo,
en la terraza, delante de todo el mundo. Se lo comenté a Trini. Ella me dijo
que se apuntaba. Me dio un pico. Nos
preparamos otro mojito.
La noche, de todos modos, no siguió ese camino. Al salir de casa de Trini, nos dirigimos a un bar próximo. Al entrar, tras dejar la barra a mano derecha, hay una pequeña salita. Ahí estuvimos bailando y bebiendo, revoloteando alrededor de los cachondos. Jugando un poco con ellos, calentando los motores. Se nos sumaron al grupo un par de tipos más, amigos de amigos de Trini y de Mamen. Eran dos hipsters barbudos. Uno de ellos no estaba nada mal. En seguida se activó en mi clítoris el defcon 3. Sentí una pequeña contracción vaginal, me relamí, cada vez más y más golosa. Me estaba poniendo cada vez más híper-cerda.
Fuimos después al Apolo, para entonces ya había
intercambiado con el barbudo un par de comentarios tendenciosos. El sondeo fue positivo. Tuve un instante de duda
¿quería follarme a un integrante de ZZ
Top ?, ¿me ponía el rollo rabino ?
De entrada tenía más contras que pros.
La sensación era de dejadez, de falta de higiene. Sin embargo, estaba claro que
era una barba cuidada. Creo que perdí un poco de interés al comprobar en el
sondeo que a poco que hiciera lo tendría metiéndomela por debajo de las faldas.
Necesitaba otros estímulos, un poco más de guerra. El Apolo se convirtió en una
centrifugadora, todo se movía deprisa al ritmo de una música electrónica
envolvente. La putivuelta puso de manifiesto una vez más que los
hombres son presas fáciles. Un macho alfa, vestido con una camiseta roja con
enormes letras blancas que se ceñía a sus músculos, intentó camelarme en vano.
Tenía pinta de utilizar más cremas que yo y a mi no me interesan los metrosexuales. Un moderno gafapasta acercó su mano a mi cintura mientras me
contaba no sé que historias. Reí a carcajadas aunque no recuerdo el porqué. Estaba
muy ciega y muy cachonda, como una perra en celo. Nos besamos, me di la vuelta y me
largué. Bastante más atrás de donde estaba seguía el barbudo, hablando con sus
colegas. Me acerqué a él y le dije “venga,
ya tengo bastante por hoy aquí, vamos a follar a mi casa”. Él miró a sus
amigos, encogió los hombros y me siguió, cogido de la mano.
Al llegar a casa, nos besamos larga y apasionadamente. Sentí
los pelos de su bigote sobre mis labios. Me parecieron sorprendentemente suaves.
Luego, sobre el sofá, ya desnudos, llevó su enorme cabeza peluda al centro
mismo de mi coño palpitante. Lo besó,
apretando con los labios sobre mi clítoris. Luego introdujo el índice y el
corazón en su interior: húmedo, expectante, abierto y dispuesto. Empezó a lamer
lentamente mi clítoris mientras con su mano se dedicaba a estimular las paredes
de mi vagina. El contacto de toda esa cantidad de grueso pelo con la piel de mi
depilado coño fue en un primer momento desagradable. Pese a la sensación de
suavidad en mis labios, el tacto era muy distinto por debajo de mi vientre.
Sentí su barba áspera, irritante. La rechacé en un primer instante, pero luego
sucumbí a la magia de su lengua y de sus dedos. Me dejé llevar,
me gustaba ver toda esa cantidad de pelo moverse ahí abajo. Me estaba poniendo
cada vez más y más perra. Dejó el vaivén digital y hundió su lengua en la
profundidad de mi potorro. Empezó a batir
rápidamente, a lengüetazos cortos e
insistentes, cíclicamente frenaba la marcha y daba un gran golpe de lengua profundo,
apretando su cara contra mi coño, clavándome la nariz. Tuve un orgasmo tímido y satisfactorio, acompañado de leves
exhalaciones, pequeños gritos callados. Mi vagina se contrajo, lancé un
suspiro. Él levantó la vista mientras yo estiraba mi cuerpo tras una leve
convulsión de júbilo. Se lanzó hacia mí como un cohete a propulsión, me besó fuertemente
en los labios. Una nausea acompaño el beso al sentir el sabor de mi coño
presente en sus labios, en el pelo de su barba. Al apartar la cabeza, observe
su barba completamente perlada alrededor de su boca. Todo alrededor de la comisura
de sus labios estaba salpicado de mi flujo, de mi gozo húmedo. Me volvió a
besar y esta vez me gustó sentir el sabor
de mi coño enganchado en su paladar.
Luego follamos intensa y repetidamente. Después se marchó y guardé su teléfono
por si acaso algún día me apetece repetir. No sé dónde lo he metido, creo que
lo he perdido, de todos modos intuyo que algún día volveremos a coincidir. Por
entonces puede que me apetezca otra cosa.
Basado en pechos
reales,
por CARMELA PELAS.

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