jueves, 29 de enero de 2015

De putivuelta: Musculocas Sociópatas

Escribo empujada por una extraña necesidad de quitármelo de encima, para tal vez así olvidarlo cuanto antes. No os engaño, chicas, es la resaca la que está hablando, la resaca y el arrepentimiento. La fiesta de Noche Vieja trajo consigo una nueva noche de sexo. Las necesidades de mi coño fueron saciadas o al menos, mi coño se procuró alimento, si bien no fue del todo de su agrado.

Todo empezó en la terraza de Trini Menroto. Se había organizado nuevamente un sarao en el que abundaba el alcohol y escaseaba la castidad. Mamen Mela pelizorreaba de lo lindo con Andrés, un fornido macho de pelo en pecho y enormes brazos del que os hablaré en otra ocasión (vaya por adelantado decir que sé de buena tinta que le gusta practicar la hipofixiofilia). Trini estaba ocupada, en una esquina de la terraza, en manosear los testículos de un joven croata que le lamía el cuello y al que según me había confesado previamente no se pensaba follar, pero le iba perfectamente para dar una lección al bueno de Marc, que bebe los vientos por ella pero no hay manera de que se decida. Yo, que me lo he follado, sé muy bien lo que le gusta y sé que come el coño que da gusto, sin embargo, parece que con Trini se enroca y que no hay manera de que se líen. Quizá haya amor verdadero, si es que eso existe. Al final, si no recuerdo mal, Mac y Trini no se enrollaron y después de pasar la noche manoseando los huevos del croata acabaron follando en la playa. Trini me dijo que de tanto estimularlo se había acabado estimulando ella y que la polla se le había puesto tan dura al chiquillo que ella no podía dejarlo así, el croata se había ganado el derecho de que ella se abriera de piernas para él. Palabras textuales.

En fin, las cosas son así: Hacia las tres y pico nos acercamos a la playa, pese al frío. Cerca de nosotros había un grupo de subnormales profundos tirando petardos y escuchando el Fying Free de Pont Aeri. Jugaban estúpidamente a pegarse puñetazos. Entre ellos destacaba un orangután clembuterado que fue a fijarse en mí. Enseguida interactuaron con nuestro grupo. Intentamos quitárnoslos de encima pero Mamen, que había perdido el interés por Andrés tras un breve coito en el lavabo de casa de Trini, y Carmen Palmas no podían evitar putizorrear con cualquier macho que se les acercara. El orangután empezó a juguetear torpemente conmigo dándome bandazos y finalmente, ya decidido, me cogió en brazos y me zarandeó. Yo estaba tan borracha que apenas fui capaz de protestar. Pese a que no era para nada mi estilo, pese a lo absolutamente retrasado que me parecía, mi coño empezó a humedecerse y la perspectiva de un polvo salvaje y hormonado, sucio y primitivo, elevó mi temperatura corporal. En cuanto me bajó al suelo me abalancé sobre él. Caímos sobre la arena de la playa, nos revolcamos haciendo una croqueta. Le agarre de los huevos, le besé.

Fuimos a su casa. No recuerdo bien cómo. Fue un sexo breve y torpe, insatisfactorio. Le hice una paja, empecé a lamer sus huevos. Era sólo precalentamiento pero enseguida se corrió. Sin avisar. Sobre mi cara. Pasé mis manos por mi rostro y esparcí su lefa por su torso musculoso en un gesto de asco, de repugnancia. Al cabo de un rato, monté sobre él. Su polla estaba flácida, un pedazo de carne muerta. Me rocé como una perra hasta que aquello empezó a recobrar vida poco a poco. Me penetró, yo estaba sobre él. Me dio la vuelta con fuerza, apreté mis manos sobre sus glúteos. Hizo un movimiento extraño con la cadera de modo que mi dedo corazón quedó cerca de su ano. Entendí que aquello no le incomodaba, di vueltas en círculo alrededor del exterior del ano. Él se puso muy cachondo. No quería meterle el puto dedo en el culo, pero estaba claro que él sí quería que lo hiciera. Hizo otro movimiento extraño, intentando torpemente que mi dedo le penetrara accidentalmente, como si eso fuera posible… ¡Un puto gilipollas! Retiré sutilmente el dedo, entonces él me pidió que le penetrara. No tengo ningún problema en meterle un dedo por el culo a un tío, pero en general no me gusta hacérselo a un desconocido, hasta yo tengo mi código. Algunas veces lo rompo, todo depende de con quien esté, pero este tipo no era alguien por quien quisiera romperlo. Insistió varias veces, así que tuve que complacerlo. Se puso como una moto, jadeaba como un loco, se movía a espasmos. Se le pusieron los ojos en blanco. Decidí retirar el dedo un poco asustada. Imaginé que no sería raro que tuviera alguna prótesis en algún cajón y que me hiciera anudármela como un cinturón para penetrarle. Se corrió al poco rato dejándome asustada e incompleta, insatisfecha. Se quedó dormido. Miré alrededor. Sobre la cama, un póster de Blade presidía la estancia. Sobre una estantería había distintos trofeos de musculación y boxeo. Me levanté, me vestí apresuradamente y salí al salón, aunque más bien parecía una mini-sala de musculación. Aquello estaba decorado con fotos y calendarios de Wesley Snipes y Jean Claude Van Damme. A mi mente vino una de las cosas que me dijo en la playa: “Yo soy muy cinéfilo, mi sueño es una peli con una lucha final entre Wesley Snipes y Van Damme, en la que se repartan hostias de lo lindo y en la que al final uno acaba cayendo contra una valla electrificada y muere… Esas son las pelis buenas y no las mierdas esas que los que se creen guays ven con subtítulos”. Creo que me abalancé sobre él para dejar de oír sus imbecilidades. Sobre la mesa tenía esparcidas distintas dietas y tablas de ejercicios, entre esa amalgama de papeles destacaba un DVD de Los Puentes de Madison con un post-it encima en el que se podía leer: “Una puta mierda. Ella una zorra”, al lado, el último libro de Paolo Coelho. Me sorprende que ese orangután sepa leer.

No me gustan las musculocas, los hombres que se pasan el rato mirando en un espejo el volumen de sus músculos, pero aún mucho menos las musculocas sociópatas y reprimidas. Era un tipo desagradable que ni siquiera sabía follar, un forofo de las pelis de mierda y de los músculos que encima se las da de inteligente porque ha leído cuatro mierdas, un retrasado mental que ni siquiera folla bien y quizá este último punto sea el más imperdonable, porque (joder) ya que estás cachas al menos folla bien, ¿no? Tanta energía y tanta fuerza para no dar la talla… una pena. La mejor manera de olvidarlo es contarlo, por eso he escrito estas líneas, todavía resacosa, aún marcada por la vergüenza. Pero existe una manera mejor de olvidar un error: caer en otro o triunfar. En cualquiera de esos dos casos la putivuelta es la solución. Seguiremos insistiendo.


Basado en pechos reales,
por CARMELA PELAS.

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