lunes, 26 de enero de 2015

Palabra de Muesli: Los 400 golpes

Nada más llegar al gimnasio, mientras me cambiaba de ropa para ir a hacer mis sesiones de calentamiento antes de la musculación, escuché a dos tipejos que venían de la piscina y que se preparaban para entrar en las duchas. Uno era un minúsculo retaco que no tenía ni media hostia; el otro, un barrilete de aspecto harapiento. Los dos eran unos debiluchos sin musculatura definida y con pinta de matarse a pajas delante del ordenador diariamente. El caso es que hablaban animadamente sobre la programación de la filmoteca del mes próximo. Al parecer había un ciclo de un tal Truffaut que, según parece, es lo más de lo más de la Nouvelle Vague  francesa. Se morían de ganas de ver en pantalla grande una peli  que se titulaba los 400 golpes. Hablaban de la escena del parque de atracciones, de los travelling por las calles de Paris y sobre todo, de ese final en la playa cuando el protagonista se gira y mira a cámara entre expectante y amenazador. No escuché muy bien, además en seguida se fueron hacia las duchas y yo hacia la sala de las máquinas y demás.

¡Los 400 golpes! ¡Aquí tienen que haber hostias por todas partes!, me dije.

Al llegar a casa hice lo de siempre. Esta vez me costó encontrar la película, así que la busqué en versión original, con subtítulos. Al cabo de una hora la tenía ya lista en la pantalla de mi LCD de 40 pulgadas, por desgracia la calidad del archivo no era HD. Poco importa, porque resultó ser una jodida mierda en blanco y negro. ¡Blanco y negro! ¡Qué cojones! La película es de 1959, Lo que el viento se llevó  es de 1939 y ya es en color. ¿Por qué coño 20 años después aún se hacían pelis  en blanco y negro? ¿Qué jodida mierda es esa? Lo peor seguramente no es eso, quiero decir, lo peor, a mi modo de ver, es que todavía haya gente que vea cine en blanco y negro ¿Qué puta mierda de gente aún ve películas en blanco y negro? ¡Putos moñas, culturetas  insoportables que se hacen los importantes por sus vastos conocimientos pero que no tienen ni media leche! El blanco y negro sólo mola si te llamas Spielberg y haces La Lista de Schindler  y sólo porque salen campos de concentración y así queda más real y tal, e insisto sólo porque eres el jodido Spielberg y te puedes sacar la polla y darle cachetazos a quien te levante la voz, porque eres el puto amo, el que más dinero hace, el jodido Rey Midas

Por otro lado, ahí tenemos los subtítulos… ¡Si quiero leer me compro un libro, joder! Y sí, no suelo leer mucho, es verdad. Lo último que he leído ha sido El código Da Vinci  hace un par de años y me gustó, aunque a ratos se me hacía aburrido. Me gusta mucho, eso sí,  Paolo Coelho, he leído un par de libros suyos. Todos me los regaló mi exnovia, antes de dejarme por el capullo ese de la tienda de discos, un puto melenudo tatuado que todavía escucha vinilos. ¡Hay que ser gilipollas para  en estos tiempos escuchar música como lo hacían mis abuelos!

En fin, volviendo a la película: ¿Por qué una peli  que se llama los 400 golpes  no tiene ni una puta hostia? ¡Miento! El “padre” del niñato protagonista le da un cachete y poco más… ¡Ya está! La peli  va de un niño gamberrete con mala suerte al que sus padres no muestran ni un mínimo de cariño. El crío se pasa la peli corriendo o escondiéndose o haciendo pequeñas travesuras y siempre con la ilusión de ver el mar y cuando por fin ve el mar, tras pasar por una especie de correccional en el que tampoco le hacen ni puto caso, se gira a cámara, casi de inmediato, como diciendo “bueno, ¿y ahora qué ?” y ahí se acaba… ¡Me cago en su puta madre!. Total: ¡una puta mierda francesa en blanco y negro en la que no pasa nada! El tal Truffaut es un puto trufas, nada más que eso… ¡y punto!

Me echo a dormir al poco de ver la plastez  gabacha y por la noche sueño con la peli : un adolescente no querido por sus padres; un chico que busca su sitio a tientas, torpemente, en una sociedad que le rechaza; los golpes que da la vida, el ansia de libertad, el sueño de un espacio infinito donde poder vivir de una manera diferente, donde nada decepciona, donde empezar de cero, un sueño inútil, una desdicha con momentos que despiertan una sonrisa complaciente… ¡Mierda, la puta bazofia francesa ha calado! Me despierta sentimientos, me conmueve y a la vez recuerdo con simpatía ciertas escenas (las de los profesores en la escuela, la timba en casa de su amigo…) ¿Me estaré volviendo maricón? La solución es sencilla: mañana machacarse en el gimnasio y al volver a casa, una buena sesión de Jean-Claude Van Damme. Los 400 golpes  seguramente son las hostias que les tengo que dar a esos dos putos freaks  del gimnasio para que no vuelvan a abrir la puta boca mientras yo esté delante.


El buen cine siempre tiene músculo,
por MUESLI SNIPES. 


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