Nada más llegar al gimnasio, mientras me cambiaba de ropa para ir a hacer
mis sesiones de calentamiento antes de la musculación, escuché a dos tipejos
que venían de la piscina y que se preparaban para entrar en las duchas. Uno era
un minúsculo retaco que no tenía ni media hostia; el otro, un barrilete de
aspecto harapiento. Los dos eran unos debiluchos sin musculatura definida y con
pinta de matarse a pajas delante del ordenador diariamente. El caso es que
hablaban animadamente sobre la programación de la filmoteca del mes próximo. Al
parecer había un ciclo de un tal Truffaut que, según parece, es lo más de lo
más de la Nouvelle
Vague francesa. Se morían de ganas de ver en
pantalla grande una peli que se titulaba los 400 golpes.
Hablaban de la escena del parque de atracciones, de los travelling por
las calles de Paris y sobre todo, de ese final en la playa cuando el
protagonista se gira y mira a cámara entre expectante y amenazador. No escuché
muy bien, además en seguida se fueron hacia las duchas y yo hacia la sala de
las máquinas y demás.
¡Los 400 golpes! ¡Aquí tienen que haber hostias por todas partes!, me
dije.
Al llegar a casa hice lo de siempre. Esta vez me costó encontrar la
película, así que la busqué en versión original, con subtítulos. Al cabo de una
hora la tenía ya lista en la pantalla de mi LCD de 40 pulgadas, por
desgracia la calidad del archivo no era HD. Poco importa, porque resultó ser
una jodida mierda en blanco y negro. ¡Blanco y negro! ¡Qué cojones! La
película es de 1959, Lo que el viento se llevó es de 1939 y ya es
en color. ¿Por qué coño 20 años después aún se hacían pelis
en blanco y negro? ¿Qué jodida mierda es esa? Lo peor seguramente no es eso,
quiero decir, lo peor, a mi modo de ver, es que todavía haya gente que vea cine
en blanco y negro ¿Qué puta mierda de gente aún ve películas en blanco y negro?
¡Putos moñas, culturetas insoportables que se hacen los
importantes por sus vastos conocimientos pero que no tienen ni media leche! El
blanco y negro sólo mola si te llamas Spielberg y haces La Lista de
Schindler y sólo porque salen campos de concentración y así queda más
real y tal, e insisto sólo porque eres el jodido Spielberg y te puedes sacar la
polla y darle cachetazos a quien te levante la voz, porque eres el puto amo, el
que más dinero hace, el jodido Rey Midas…
Por otro lado, ahí tenemos los subtítulos… ¡Si quiero leer me compro un
libro, joder! Y sí, no suelo leer mucho, es verdad. Lo último que he leído ha
sido El código Da Vinci hace un par de años y me gustó, aunque a
ratos se me hacía aburrido. Me gusta mucho, eso sí, Paolo Coelho, he
leído un par de libros suyos. Todos me los regaló mi exnovia, antes de dejarme
por el capullo ese de la tienda de discos, un puto melenudo tatuado que todavía
escucha vinilos. ¡Hay que ser gilipollas para en estos tiempos escuchar
música como lo hacían mis abuelos!
En fin, volviendo a la película: ¿Por qué una peli que se llama
los 400 golpes no tiene ni una puta hostia? ¡Miento! El “padre”
del niñato protagonista le da un cachete y poco más… ¡Ya está! La peli
va de un niño gamberrete con mala suerte al que sus padres no muestran ni un
mínimo de cariño. El crío se pasa la peli corriendo o escondiéndose o
haciendo pequeñas travesuras y siempre con la ilusión de ver el mar y cuando
por fin ve el mar, tras pasar por una especie de correccional en el que tampoco
le hacen ni puto caso, se gira a cámara, casi de inmediato, como diciendo “bueno,
¿y ahora qué ?” y ahí se acaba… ¡Me cago en su puta madre!. Total: ¡una
puta mierda francesa en blanco y negro en la que no pasa nada! El tal Truffaut
es un puto trufas, nada más que eso… ¡y punto!
Me echo a dormir al poco de ver la plastez gabacha y por la
noche sueño con la peli : un adolescente no querido por sus padres; un
chico que busca su sitio a tientas, torpemente, en una sociedad que le rechaza;
los golpes que da la vida, el ansia de libertad, el sueño de un espacio
infinito donde poder vivir de una manera diferente, donde nada decepciona,
donde empezar de cero, un sueño inútil, una desdicha con momentos que
despiertan una sonrisa complaciente… ¡Mierda, la puta bazofia francesa ha
calado! Me despierta sentimientos, me conmueve y a la vez recuerdo con simpatía
ciertas escenas (las de los profesores en la escuela, la timba en casa de su
amigo…) ¿Me estaré volviendo maricón? La solución es sencilla: mañana
machacarse en el gimnasio y al volver a casa, una buena sesión de Jean-Claude
Van Damme. Los 400 golpes seguramente son las hostias que les
tengo que dar a esos dos putos freaks del gimnasio para que no
vuelvan a abrir la puta boca mientras yo esté delante.
El buen cine siempre tiene músculo,
por MUESLI SNIPES.

No hay comentarios:
Publicar un comentario